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« Respuesta #5 : Mayo 28, 2009, 05:43:18 » |
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Cada vez son más los muros que se levantan para separar a ricos y pobres. Los pobres cada vez más desesperados y los ricos cada vez más inseguros. Crecen los excluidos, crece la violencia, y crece el miedo. Muros que limitan, que separan, que ocultan, que imponen distancia, que impiden el paso y las miradas. ¿Un mundo de globalización, una sociedad de la información? Si, pero en una sola dirección: libertad para personas, productos y noticias de los países ricos, pero prohibiciones y vetos para los de los países del llamado tercer mundo. ¿Cómo evitar el reconocimiento de la injusticia y la revuelta? Los excluidos, condenados a una vida de miseria y abandono, son aislados y encerrados en sus guetos, ocultados a un mundo que prefiere no verlos, para que no se atrevan, para que no molesten, para que no interrumpan la programación.
Son muros reales los que nos separan, hechos de cemento, hormigón, alambradas, fosos, cámaras de vídeo y soldados, que marcan una frontera infranqueable y convierten los territorios de los desposeídos en cárceles gigantescas. Separan España de Marruecos, Israel de Palestina, Estados Unidos de Mexico... Muros también en el interior de las ciudades, como el que se levanta en Rio de Janeiro para recluir los barrios de favelas. Muros de las cárceles del mundo, cada vez más atestadas de presos.
Pero son también muros invisibles, más difíciles de salvar, levantados con olvidos interesados, mentiras y prejuicios, que hacen del otro un ser extraño y peligroso al que hay que temer. El miedo al pobre se enseña y fomenta desde los mass media afines a los poderosos: son ellos los que fabrican esos "enemigos" a medida del poder.
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